viernes, 5 de octubre de 2007

Mi primer ruido parecido a una canción.

Ya llevo tres semanas recibiendo clases de guitarra. Tres semanas repitiendo aburridos pero prácticos ejercicios mecánicos una y otra vez para coger agilidad, velocidad y fuerza en los dedos. Cada día noto como mis dedos ganan en soltura y un poco de precisión y sueno "menos mal".

A la par estoy empezando a tocar un par de canciones para escuchar algo "bonito". La impaciencia me ha hecho buscar un par de tablaturas por internet, sencillitas, sin acordes ni florituras, que me permitan entrar en materia poco a poco.

La primera canción elegida es una composición de Edvard Grieg, creada a finales del siglo XIX, bastante conocida: "In the hall of the mountain king". Esta canción ha sido interpretada por grupos de rock como Metallica o Apocalyptica. Pero este no ha sido el motivo por el que he comenzado con ella. Uno de los primeros video-juegos que me enganchó a primeros de los ochenta fue el Manic Miner, creado para el ordenador Sinclair ZX Spectrum. Este juego, un clásico, repetía una y otra vez la música de Grieg y esta se metió en mi cabeza hasta el punto de silbarla o tararearla en los momentos y lugares más inesperados durante los últimos veinte años de mi vida.





La segunda elegida es "No more lonely nights", de Paul McCartney. Canción que se situó en el número uno de las listas británicas en el año 84 y que pertenecía al album "Give my regards to Broad street". David Gilmour, guitarrista de Pink Floyd, era quien tocaba la guitarra en el tema. Esta canción, más bien el disco entero, me trae a la memoria largas tardes de invierno con quince años, jugando al Spectrum y escuchando al mismo McCartney, Moody Blues, Pink Floyd y un largo etcétera de música excelente de aquella época.





Mientras que la composición de Grieg la toco con más o menos soltura y no es demasiado complicada salvo cuando quiero coger velocidad, la de McCartney es harina de otro costal y de momento solo he conseguido sacar en condiciones los treinta o cuarenta primeros segundos... y del solo mejor no hablar.
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