domingo, 1 de junio de 2008

iMac y Win

Tercera entrada consecutiva en la que escribo sobre Apple y su iMac.

Me considero un usuario de Windows no tanto forzado pero sí obligado. En el trabajo, al ser el sistema corporativo, tengo que estar mi jornada laboral lidiando con este software de Microsoft. Y digo lidiando, porque después de acostumbrarme a la sencillez y estabilidad de Mac OS X, me cuesta trabajar con las "ventanas".

En casa tengo un portátil con Win XP, que apenas doy uso por el mismo motivo. Pero si una cosa me llamaba la atención de los iMac, equipados con microprocesadores Intel desde hace un par de generaciones, era la posibilidad de instalar Windows, tanto XP como el engendro ese que llaman Vista, de forma nativa y poder elegir en el arranque si queremos trabajar con Mac OS X o con Win.

A mi Win solo me hace falta para alguna cosa menor. El programa de conversión de partidas de NDS, utilidades que utilizo para preservar software de ordenadores de 8 bits, y sobre todo antes de tener Mac, para jugar. Esto último lo he suplido con las consolas, que al fin y al cabo para eso están. Pero siempre te pica el gusanillo con ese juego que no está más que para PC, o un shooter más cómodo de jugar con ratón que con el pad de la consola.

Pues unos días después de recibir el iMac nuevo me he puesto a trastear con él, y a meterle un XP a ver como va eso, más con ganas de experimentar que de otra cosa. Apple nos ofrece la utilidad Boot Camp para este menester.


Esta utilidad es sencillísima de usar. Nada más arrancar nos propone particionar el disco duro para hacer sitio al nuevo sistema operativo. Esto es tan fácil como arrastrar un marcador a izquierda o derecha, aumentando o disminuyendo el espacio de la partición. El programa nos advierte de que hagamos copia de seguridad de nuestros datos, por lo que pueda pasar, pero esto es algo obvio siempre que queramos tocar las particiones de un disco duro.

A continuación nos pide el disco de instalación de Win, y comienza el proceso. En la instalación deberemos seleccionar la partición creada, que está claramente indicada como Boot Camp, formatearla con el sistema de ficheros FAT32 o NTFS a nuestro gusto (esto es obligatorio, aunque al particionar automáticamente se formatea, si no formateamos de nuevo con el programa de instalación de Win, la instalación fallará).

Después solo queda esperar a que se copien todos los archivos al ordenador. Una vez arrancado Windows introduciremos el disco de instalación que trae el iMac. Gracias al arranque automático se lanzará una aplicación que instala todos los drivers necesarios para que Windows pueda trabajar con el hardware que trae el iMac, incluído el mando, la cámara, teclas de función en el teclado, etc.

Y con esto, que se tarda más en escribir que en hacer, tienes un Windows, en mi caso XP, instalado en el iMac.

Rendimiento. No he pasado un benchmark, ni tengo ganas de hacerlo, pero la impresión es que el sistema va como un tiro. A continuación del sistema instalé un juego que, aunque con algunos años en las espaldas, requiere bastante máquina para tirar: Half Life 2.

A tope de resolución y con los detalles más altos, el juego se mueve fluído.


Así que de momento en mi iMac convivirán los dos sistemas operativos, aunque uno de ellos lo utilice solo para jugar...

Por tanto, si el argumento para no comprar un ordenador de Apple era la imposibilidad de usar el sistema operativo de Microsoft, bien porque hay programas exclusivos para Windows que necesitamos utilizar o ya sea porque nos gusta más este sistema, la excusa se terminó hace tiempo.

Y siempre nos quedan los emuladores de máquinas virtuales si no queremos ser "agresivos" con nuetro disco duro pero a costa de penalizar en rendimiento. Por un lado tenemos Parallels y por otro Fusion de VMWare. Ambos programas emulan una máquina virtual en tu MacOS X y puedes instalar el sistema operativo que te plazca, desde un linux, un win, o un dos.
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