viernes, 9 de septiembre de 2011

Visitando Normandía.

Este verano he tenido la posibilidad de hacer un viaje que cualquier aficionado a la historia de la Segunda Guerra Mundial quiere hacer tarde o temprano: Normandía.

Visitar Normandía, la zona del desembarco que sirvió para que los aliados abrieran un segundo frente en Europa contra las fuerzas del Eje (aunque ya habían desembarcado en Italia a través de Sicilia poco menos de un año antes), te da una idea real de la magnitud de los acontecimientos que sucedieron durante los primeros días de Junio de 1944.

Hay mucha información en Internet sobre qué visitar, rutas optimizadas, etc. como para ponerme a reinventar la rueda escribiendo al respecto, solo quiero dar unas cuantas impresiones que me he traído de allí.

Lo primero que respiras al visitar los pueblos, villas o ciudades de la zona es la gratitud, cariño y respeto que tienen sus vecinos por los hombres que tomaron parte en el desembarco. Sentimientos que mantienen y siguen vivos casi setenta años después. En el pueblo más pequeño tienen un memorial a tal regimiento que les liberó ese día. No suele faltar la avenida Eisenhower. Placas en puntos donde cayeron soldados. Banderas de los países aliados por doquier. Y museos, muchos museos.

Tumba de un soldado desconocido
en el cementerio americano de Colleville-sur-Mer.

En segundo lugar, por muchos libros que puedas leer, documentales históricos o películas más o menos fidedignas que veas, no aprecias el esfuerzo humano y logístico que supuso el asalto a la muralla del Atlántico que levantaron los alemanes hasta que estás sobre el terreno.

Pero si algo me impresionó especialmente es el cementerio americano en Colleville-sur-Mer. Sus 9.387 tumbas, perfectamente alineadas y con una destacada posición oteando en el horizonte la playa de Omaha, como vigilantes para que aquello que les llevó allí no vuelva a suceder, encogen el corazón. Y lo encoge más al pensar que la mayoría de las personas que hay allí enterradas eran jóvenes que apenas habían empezado a disfrutar de sus vidas. Supongo y estoy casi seguro que esta sensación se repetiría visitando el cementerio alemán, con 20.000 soldados enterrados, o el de cualquier otra nacionalidad.

Unas fotos (y la galería de Picasa):





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